Clark Kent y su alter ego volvieron a la pantalla grande de la mano de James Gunn. Con una historia que nos recuerda la humanidad de un personaje que anteriormente la había perdido en la demostración de su plena omnipotencia.
"David Corenswet, Rachel Brosnahan y Nicholas Hoult sostienen una interpretación que no solo recuerda a las viñetas y a los antiguos programas de televisión en dónde sus personajes han aparecido, sino que también se apropian de los papeles para hacerlos lucir en una piel nueva."
El Superman de Corenswet, sigue siendo el mismo inmigrante que llegó a la tierra para encontrar el refugio ante la ya conocida devastación de su planeta natal, Krypton. Sin embargo, en esta ocasión no se nos muestra una historia más del Dios que vino de las estrellas para revindicar la maldad en la tierra, esta no es la historia de la omnipotencia desenfrenada de Kal-El, ni la negación de su humanidad ante la adversidad (tal como se mostró en la versión de Henry Cavill) es la historia de un personaje mucho más emocional e inestable, de alguien que sufre las voces mediáticas, la pérdida de sus derechos y la sangre derramada por el mundo, esta es la historia de Clark Kent, quien no muestra su heroísmo en la gala de sus grandez hazañas, sino que lo hace a partir de su propia compasión ante el dolor ajeno.
Por su parte, Nicholas Hoult, representa el lado más visceral y humano de la villanía, en dónde el hambre de poder y la envidia lucen como un espejo de la realidad a la que hoy se enfrenta el planeta. Lex Luthor es un hombre blanco y rico con injerencia en todos los sectores de poder de Estados Unidos, un criminal de cuello blanco que somete naciones enteras bajo cortinas de humo para complacer sus deseos y ambiciones.
Estos personajes fueron ensamblados en un mundo en el que los “metahumanos” (o humanos con un poder deidificado) caminan en las mismas calles que nosotros, no son ajenos a los problemas de la humanidad, ni se encuentran ocultos del conocimiento público. Son reconocibles y actúan ante los reflectores de las noticias diarias. Por lo que, también tienen un peso significativo a la historia que se cuenta, sin estorbar en la película. Funcionan más bien como un medio para contextualizar la realidad en la que se desarrolla la historia, en dónde la tierra no es ajena del monstruosos peligro y sus salvadores glorificados.
La trama no hace alarde del poder y el derroche de testosterona, por lo contrario, se permite recalcar el conflicto existente de estas personas que caminan entre nosotros, se les permite mostrar sus ambiciones, miedos, virtudes y defectos; se les deja ser la luz de este mundo que se incendia de tanto odio, así como también se les deja sofocarse de ansiedad y culpa, son héroes que tienen permitido amar y sufrir.
Superman regresa a los cines en medio de una de las temporadas más lugubres del mundo; se respira una crisis humanitaria ante la revocación de los derechos humanos a las minorías tanto en medio oriente como en Estados Unidos. Presenciamos una dictadura norteamericana en dónde se ha declarado una guerra civil contra el migrante y un genocidio en Gaza que ha sido respaldado en complicidad de un mundo que ha decidido mirar hacia otro lado por miedo a las repercusiones de los mismos criminales de cuello blanco que ostentan el poder político en la Casa Blanca.
Superman no vuelve con un mensaje hollywoodense sobre el nacionalismo imperialista, no protege “el estilo americano”, ni mucho menos pretende darnos una cátedra sobre los peligros de no insensibilizarnos hacia el dolor ajeno, lo hace mostrándonos el frágil baile entre la realidad y la ficción, Clark Kent regresa como “el campeón de los oprimidos”.